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Mi amigo gay

Mucha gente dice que su mejor amigo es su pareja. Veamos
si esto es un engaño más del que viven los enamorados
con un sencillo test: si cometes una infidelidad,
detestas a tu cuñada o crees que tu novia se está poniendo
como un tonel, ¿a quién se lo vas a contar? En efecto, no a
tu pareja sino a tu mejor amigo. Apenas tenemos dos o
tres, pero nos acompañan a lo largo de nuestra vida. Siempre
he soportado peor un desengaño con un amigo que
uno amoroso, estoy mucho más preparado para la traición
de una novia y creo que los amigos, a diferencia de las parejas,
son para toda la vida. Con un amigo, te puedes mandar
a freír espárragos de vez en cuando y no pasa nada, pero
prueben a contradecir a su pareja en público y conocerán
lo que es el Mal.

Así las cosas, las personas siempre suelen clasificar según
si tenían más amigos de su mismo sexo o del contrario.
Según la sabiduría popular, las mujeres que tienen más
amigos varones son unas calentorras y los hombres que tienen
más amigas son raritos. Ahora, con los nuevos tiempos,
llega una nueva categoría: tener un mejor amigo de distinta
orientación sexual. Gracias a mi mejor amigo gay, mi vida
ha dado un vuelco. Me ha aportado la sensibilidad que
todas las mujeres a quienes he pretendido
seducir me habían reprochado
no tener. Claro que entremi amigo gay
ellas hay un pacto para no dar pistas
sobre cómo entenderlas. Piensan
que debemos aprender solos el camino.
Así no hay forma de encontrarles
el punto G ni de saber qué regalar
por su cumpleaños, aunque
quizá ambas cuestiones tengan la
misma respuesta.

En fin, que mi mejor amigo gay
me ha convencido y he puesto en
práctica el giro de 180 grados. No
en mi postura coital sino en mi vida.
Ahora en mi piso hay plantas vivas,
en mi nevera queso de cabra,
en mi bodega hay chardonnay y en
mi armario tejanos rotos de fábrica.
Mi amigo me acompaña a comprarlo
todo, sabe a qué tiendas ir, qué talla me favorece,
qué colonia combina con mi piel y con qué grado de luz halógena
debo recibir a las visitas. El problema es situar el límite.
¿En el baño debo hacer acopio de toallitas desmaquilladoras
y de tampax para las visitas? ¿Cuánto incienso es
capaz de soportar el ser humano? Aparte de las pequeñas
dudas que genera, reconozco que me encanta estar con mi
amigo. Lo que no soportaba de algunas novias, en él me parece
normal, como su forma de ordenar cremas exfoliantes
o que crea que Eto’o es un perfume francés. Viéndome seducido
por su forma de ser he alcanzado una conclusión
que va a hacer historia. Esta columna es la primera en revelar
la próxima revolución: los hombres ya no tendremos
que ir de metrosexuales a lo Beckham, sino que serán las
mujeres las que deberán parecerse a los gays para gustar a
los hombres. Tendrán que mostrarse liberadas, divertidas,
sexuales, creativas y, sobretodo, autoparódicas. Esta primavera
se va a llevar la mujer homosexualizada. Pásalo.

                          Extraido de Metro Catalunya.  Por Marc Viilanueva.


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