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Lo último y lo penúltimo de Paul Auster

En mi primera colaboración dentro de este magnífico invento, me gustaría escribir algo sobre las dos últimas novelas publicadas por Paul Auster. Estadounidense y residente en Nueva York, escritor de novelas y de guiones cinematográficos, fue premiado con el Premio Príncipe de Asturias el año 2006, hecho que le ha dado bastante fama en nuestro país.

En este año 2007 se publica su última novela, “Viajes por el Scriptorium”. La novela transcurre en una habitación blanca, totalmente cerrada, ventana y puerta cerradas a cal y canto ¿será un centro psiquiátrico? Una prisión? El personaje principal es muy mayor y está enfermo, sufre amnesia, no es autónomo ni física ni mentalmente. El argumento… pues no hay mucho que contar, lo único remarcable es la historia que va leyendo en unos papeles el protagonista, pero que no hay ni principio ni final. Hay muchos interrogantes, muchas dudas. Todo es bastante confuso, y no se llega a saber el porqué de toda esa situación. Pero hay una causa de fondo, en la última página el autor toma la palabra reivindicando la eternidad de sus personajes y su función dentro de todo este embrollo.

No es una novela fácil de comprender en su globalidad, el lenguaje no es fluido y la historia tampoco es atractiva. Para mi es una novela difícil, más bien parece un experimento literario. Solo recomendable para lectores que les gusten las novelas de culto y que hayan leído bastantes novelas de Auster.

En marzo de 2006 se publica “Brooklyn Follies”, actualmente ya va por la undécima edición. La novela se desarrolla en una pequeña zona del barrio de Brooklyn. El protagonista, Nathan, está ya jubilado y acaba de pasar por la dura terapia de curación de un cáncer, autónomo físicamente y con la mente muy abierta nos cuenta en primera persona todo lo que le ocurre en su nueva vida en el barrio, los lugares que frecuenta y los personajes que allí se encuentra. Es una historia sencilla como la vida misma, con sus rutinas, sus sorpresas y sus casualidades, sus momentos divertidos y sus momentos tristes. El lenguaje es fresco, ligero y fluido, fácil de leer y sin tabús pero con la inocencia de un niño.

Un libro totalmente recomendable para todos aquellos a los que os dé pereza leer, o mucha pereza… No os defraudará. A mi me divirtió mucho y me quedé con ganas de seguir leyendo más capítulos.


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